Un equipo del Departamento de Pediatría y Cirugía Infantil Oriente de la Facultad de Medicina lleva una línea de investigación mediante la cual han contribuido en distintos aspectos de prevención, diagnóstico y tratamiento de infecciones por bacterias, virus, hongos o parásitos. Parte de este ámbito está siendo abordado por un proyecto Fondecyt, liderado por la doctora María Elena Santolaya, específicamente lo que corresponde a antibióticos para pacientes oncológicos pediátricos.
“Hoy día la resistencia a los antimicrobianos es un problema relevante declarado por la Organización Mundial de la Salud. Por ello, nosotros estamos enfocados en buscar un equilibrio que permita que sigamos pudiendo usar los antibióticos en los pacientes pediátricos oncológicos para tratar bien sus infecciones, pero que no los usemos cuando no están indicados".
Esta es la línea de investigación que han abordado en dos últimos proyectos Fondecyt, a partir de un grupo de investigación nacional, conformado por diez de los centros del Programa Nacional del Cáncer (PINDA) del país, tanto de Santiago como de Antofagasta, Viña del Mar, Talca y Valdivia, con una mirada global, avanzando paso a paso en establecer algunas estrategias de uso racional de antimicrobianos que permiten cuidar estos medicamentos, a la vez que tratar de forma óptima a los niños con muy buenos resultados.
En el marco de esa línea de investigación, “pudimos establecer que, a lo largo de sus años de tratamiento con quimioterapia, después de cada ciclo, es posible que el niño presente una condición clínica que se llama neutropenia febril, que se caracteriza por una baja en estas células inmunes, por lo que se infecta y tiene fiebre".
En esos casos, detalla, han "establecido la necesidad de estudiar los virus respiratorios de forma sistemática, lo que nos ha permitido dejar de prescribir antibióticos cuando lo que tienen es una infección viral demostrada". También, han usado distintas estrategias de uso selectivo de antibióticos, como suspender o acortar tratamientos, o tratar a los niños de forma ambulatoria fuera del hospital con medicamentos orales, siempre y cuando se cumplan determinadas condiciones, como una buena evolución clínica y otras determinantes que permitan actuar con seguridad. "Así se reduce la presión de la hospitalización y el uso de antimicrobianos intravenosos, apuntando a disminuir la resistencia bacteriana, que nos podría llevar a que a futuro no tengamos antimicrobianos para tratar a los niños”, explica.
Uso de nuevas técnicas
El proyecto Fondecyt Regular 2025 “Un paso adelante en la mejora del manejo antimicrobiano racional en pacientes pediátricos con cáncer: abordando las brechas” apunta a “seguir con estas estrategias, pero abordando los espacios que todavía nos quedan para actuar”, dice la investigadora. Para ello, el grupo de estudio estará compuesto por niños de 15 años o menos, recién diagnosticados de alguna enfermedad oncológica y que presenten episodios de fiebre, provenientes de los diez recintos asistenciales de esta red PINDA a lo largo del país.
“Se sabe que cerca del 60% de los niños tienen fiebre cuando se les diagnostica un cáncer, como un síntoma inespecífico; pero sólo en un porcentaje muy pequeño, menor al 5%, se demuestra que tienen una infección bacteriana, vale decir que son muy pocos los que debieran usar antibióticos”, detalla la especialista.
El proyecto tomará a un grupo de esos pacientes recientemente diagnosticados para hacer un estudio de infección, así como una aleatorización para mantener antimicrobianos o suspenderlos, considerando que “como llegan con fiebre, y están en una situación de riesgo, casi siempre se les deja antibióticos”. Además, se les hará seguimiento durante un año, a través de un estudio de cohorte prospectivo, para analizar todos los episodios de fiebre que puedan presentar en ese período de tiempo.
En los episodios de neutropenia febril que se presentarán durante el año de seguimiento, podrá identificarse una etiología bacteriana viral o ninguna de las dos, entidad denominada como "fiebre de origen desconocido", con un tercio de los pacientes para cada categoría.
"El foco del actual proyecto son los niños con neutropenia febril que tienen fiebre de origen desconocido, que no se sabe si efectivamente están infectados o lo que tienen es una respuesta inflamatoria con aumento de citoquinas, por lo que no necesitarían usar antibióticos. En esos casos vamos a aplicar una técnica que se llama metagenómica para buscar en sus muestras de sangre material genético que pudiera explicar esa fiebre. A través de esta se podrá identificar cualquier material genético presente en muestras de sangre, que nos ayudará a identificar bacteremia de bajo grado, que los hemocultivo no fueron capaces de captar".
Realizar metagenómica en tiempo real en pacientes inmunocomprometidos con fiebre, señala la académica, "es una estrategia muy novedosa, que permitirá dar un paso adelante para determinar qué son estas fiebres de origen desconocido que todavía afectan a un tercio de los niños con fiebre y neutropenia". Esta labor específica estará a cargo del grupo liderado doctor Mauricio Farfán del Hospital Dr. Luis Calvo Mackenna.
Valor predictor de la colonización
Una tercera aproximación que tendrá cabida en este proyecto es el estudio de las bacterias que colonizan a estos pacientes, “con una muestra que se toma a nivel rectal, para saber cuál es la bacteria que coloniza a cada niño, y luego ver si ese dato tiene valor predictor cuando este haga un episodio de fiebre y neutropenia".
"Nuestro foco en estas tres intervenciones es evaluar si somos capaces de disminuir el uso de determinados antimicrobianos, como carbapenémicos y vancomicina, que son muy inductores de resistencia, manteniendo los buenos resultados clínicos. Si logramos este objetivo, eventualmente podríamos impactar en disminuir o detener la resistencia a la terapia antibacteriana”, señaló la profesora Santolaya.
Para la realización de este proyecto, se ha conformado un equipo multidisciplinario, liderado por la doctora María Elena Santolaya, junto con las doctoras Carolina Ibáñez, infectóloga, y Beatriz Silva, oncóloga; el farmacólogo clínico Marlon Barraza; el doctor Mauricio Farfan, bioquímico y la enfermera Romina Valenzuela. Esta última profesional estará a cargo de coordinar las reuniones con los centros a nivel nacional.
Todas las evaluaciones microbiológicas y de biología molecular se harán de forma local en cada uno de los hospitales participantes y los estudios de metagenómica, "que es algo completamente nuevo en el país, se harán en el Laboratorio de investigación de este CICA, con miras a que después de un año de experiencia podamos hacer transferencia tecnológica al menos a dos centros de regiones distintas de la Metropolitana”.
Nuestro proyecto, añade, “tiene un enfoque muy interesante, porque hasta ahora habíamos trabajado solo en los episodios de fiebre y neutropenia post quimioterapia, y ahora quisimos partir el análisis desde el momento del diagnóstico de cáncer y realizar un seguimiento por todo el periodo de quimioterapia intensiva”.
Por ello, la doctora María Elena Santolaya finaliza señalando que esta línea de trabajo "ha sido objeto de publicaciones científicas de muy buen nivel, al mismo tiempo que se ha transformado en medidas concretas para el mejor manejo de los pacientes". Estos aportes "se expresan también en consensos latinoamericanos para el manejo de niños con fiebre y neutropenia. Entonces se va creando un nicho de bienestar para pacientes y familias que están pasando por situaciones muy dramáticas, frente a los cuales nosotros trabajamos para que estas complicaciones infecciosas no sean causantes de mayores problemas; esta mirada es un estímulo para seguir avanzando en esta área”.