Distinción como Profesor Emérito de Francisco Hervé, Miguel Ángel Parada y Reinaldo Charrier

Es un honor y una profunda emoción representar a la Universidad de Chile en esta ceremonia solemne en la que se confiere la distinción de Profesor Emérito a los Profesores Reinaldo Charrier, Francisco Hervé, Miguel Ángel Parada, tres gigantes de la academia nacional, cuya trayectoria encarna de manera ejemplar el espíritu, la misión y la vocación pública de nuestra Universidad.

Los tres comparten la condición de maestros, ese atributo que se sitúa por sobre la excelencia y la excepcionalidad, encarnando algo más trascendente. Ser reconocido como maestro no es el resultado de un título ni el efecto de una jerarquía institucional. Ser maestro es una condición que no se solicita, no se decreta ni se exhibe; se revela en la huella que queda en quienes descubren un camino gracias a otro.

El maestro no se distingue únicamente por lo que sabe, sino por lo que hace con aquello que sabe. Su conocimiento no es propiedad privada ni capital de prestigio: es un bien compartido que se guarda en la transformación de las personas que acompañó. Allí radica su autoridad.

Nuestros queridos Profesores Eméritos Charrier, Hervé y Parada son además de maestros, guardianes de la institución y nos recuerdan la descripción que hace el eminente educador Lee Shulman sobre la condición de ser un verdadero académico. Dice Shulman que ellos “inventan nuevas formas de comprensión a medida que transforman sus campos de estudio. Sin embargo, mientras más comprenden, mayor es su obligación moral de utilizar sus conocimientos y habilidades con integridad, responsabilidad y generosidad. Son pensadores y actores, aventureros intelectuales y agentes morales”.

En cada ocasión en que debo representar a la Universidad pienso en la grandeza que esta encierra como resultado de la contribución de cada una de sus personas, no solo a lo largo de su historia, sino en el presente. Pienso en quienes, en el mismo instante en que pronuncio esas palabras –que, seguramente, serán percibidas como protocolares – están enseñando, creando, imaginando o dando una lucha por defender una acción relevante o un valor que no debe ser olvidado o transgredido. Nunca lo hacemos solos o solas, siempre acompañados, porque tenemos el privilegio inmenso de habitar un espacio que solo se entiende colectivamente y que pierde su esencia si ello se olvida. Es el privilegio de desarrollar nuestras vidas en comunidad.

Dos días atrás se reunió el empresariado en Beauchef 851 para compartir su compromiso de avanzar en unidad por el desarrollo de Chile. Estoy segura de que todos quienes estuvimos sentimos que era el lugar legítimo desde donde enviar ese mensaje, de fe en Chile y su gente. Beauchef lucía bello, luminoso, potente y abierto a recibir a ese mundo de tanto poder, que reconocía que su trabajo por un mejor futuro debía hacerse de la mano del conocimiento científico.

Ese mismo sentimiento, de orgullo profundo, se siente cada semana en la Gran Sala Sinfónica Nacional de VM20, que tiene esa alma pública que hace que cada uno y cada una de quienes asisten la sienta propia, y recuerden que Chile es grande en sus talentos, en su voluntad y capacidad de expandir la humanidad de su gente.

Gracias a ustedes, Profesores, por ser gigantes en la humanidad, por ser humildes en la excelencia, por su capacidad de realización en el ejercicio de su liderazgo institucional y por su disposición permanente a construir, reconociendo el mérito de cada uno. Gracias por hacer todo aquello conservando la amabilidad y el espíritu calmo. Gracias por ser imprescindibles.

Muchas gracias.

Rosa Devés Alessandri
Rectora de la Universidad de Chile

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