Discurso Ceremonia entrega distinción Profesor Emérito a Rodolfo Saragoni
Es un honor representar a la Universidad de Chile en este acto que reconoce la trayectoria ejemplar del profesor Rodolfo Saragoni y celebra, junto a nuestra comunidad universitaria, su nombramiento como Profesor Emérito.
Hemos escuchado preciosas intervenciones sobre su magnífica contribución y sobre el gran ser humano que es. Y la suya, tan plena de humanidad como siempre, nos ha emocionado.
Con seguridad, mientras cada uno escuchaba, iba agregando lo propio: la anécdota personal, el momento de logro compartido, las preguntas y los problemas que pudieron resolver trabajando en equipo, cómo influyó en sus vidas, las acciones en defensa de la Universidad en los tiempos más difíciles que nunca dejan de estar presentes en nuestros recuerdos.
Rodolfo Saragoni, profesor respetado, influyente investigador en ingeniería sísmica, directivo universitario, muchas veces premiado, entre tantas distinciones –como miembro honorífico de la Asociación Internacional de Ingeniería Sísmica en 2021– pasando a integrar la “galería de la fama” de la disciplina. Lo hemos escuchado todo nuevamente, y no por saberlo deja de impresionarnos su trayectoria cada vez que la evocamos.
Y además de todo eso: sencillo, amable, simpático y querible.
En estos tiempos en que se ponen en cuestión principios fundamentales asociados a la vida académica como la ética y la integridad de la investigación, y la libertad académica, ya sea porque éstas son atacadas o deslegitimadas por gobiernos autoritarios, como los de Estados Unidos, Argentina o Hungría, o porque desde el propio quehacer universitario –influido por la competencia institucional o individual por alcanzar reconocimiento– nos vamos haciendo daño a nosotros mismos sin advertirlo, figuras como Rodolfo –y su vida personal y académica– son ejemplo de aquello que respetamos y debemos resguardar.
Si bien es claro que cualquier restricción ideológica o política a la libertad académica empequeñece a la Universidad y la desvía de su misión más esencial –como lo sabemos muchos de los que estamos aquí por experiencia propia– también comprendemos que el ejercicio de esa libertad debe ser responsable.
¿Dónde reside esta responsabilidad, cuál es su alcance, quién la ejerce y cómo lo hace? Son cuestiones que preocuparnos y que requieren de debate y discernimiento. Porque grave sería que, frente a las críticas por la abundancia de publicaciones insignificantes o incluso fraudulentas, se termine por demonizar la ciencia y desconocer el valor que tiene la publicación en su desarrollo.
Ayer, justamente, vimos aparecer en la portada de The Lancet –una de las revistas más influyentes y respetadas del mundo en medicina clínica y salud pública– el trabajo de los profesores Leonardo Basso, Miguel O’Ryan y sus colaboradores, sobre la efectividad e impacto del anticuerpo nirsevimab frente al virus sincicial respiratorio. Se trata de un estudio retrospectivo basado en la campaña de inmunización realizada en Chile en 2024. Una historia de impacto casi en tiempo real de la buena ciencia sobre la vida de las personas.
Lo traigo a este momento porque este trabajo encierra mucho de esa épica propia de los ingenieros estructurales: del diálogo entre la academia y la política pública, el impacto directo en la vida de las personas y, como decía Rodolfo Saragoni en una entrevista, “nuestro más importante lector de papers son los terremotos, cuando ocurre un terremoto sabemos si leyó el paper”. Bueno, en este caso, los lectores de este paper del Lancet son el virus y los niños que no murieron.
La otra lección que nos da Rodolfo –así como el caso de la cooperación entre ingenieros y médicos recién comentada– es la del valor de la colaboración. Porque no se puede pensar en Rodolfo sin que aparezca junto a él su entorno: su maestro Arturo Arias, su querido colaborador y entrañable amigo Mauricio Sarrazín, y sus estudiantes de quienes se muestra orgulloso en cada oportunidad que tiene, como cuando dice: “Lo que le quiero transmitir a la gente joven, primero, es que la mejor contribución que he hecho son mis alumnos”.
Todo en él está volcado hacia los demás. “El éxito chileno se hace en lo colectivo”, ha dicho; o como lo expresó al recibir la distinción de la Asociación Internacional de Ingeniería Sísmica: “Aunque se ha reconocido a una persona, yo creo que es un reconocimiento al país y a la ingeniería sísmica; y cuando uno habla de ingeniería sísmica, se refiere a todos los calculistas que hacen la pega diariamente y que logran el buen desempeño y el buen comportamiento de cada una de sus estructuras”.
Por todo ello, a través de este acto solemne, pero siempre sobrio, la Universidad lo distingue entre sus pares por sus notables méritos académicos, agradece su valiosa labor y reafirma su pertenencia a esta institución como cimiento y ejemplo para toda una comunidad comprometida con el desarrollo del conocimiento.
También nos dijo: “La Universidad es para nosotros un acto poético, se entrega sin esperar nada”.
Por ello, es nuestra responsabilidad trabajar por el futuro de esta Universidad inspirados en el ejemplo de vida académica de Rodolfo Saragoni, y esperamos que pueda seguir orientándonos a cada una y cada uno en nuestras responsabilidades, como maestro que es.
Muchas gracias.
Rosa Devés Alessandri
Rectora de la Universidad de Chile