El reciente anuncio de un nuevo sistema frontal para la zona central del país vuelve a poner en evidencia los efectos que las intensas lluvias pueden provocar en diversas ciudades y localidades. Sin embargo, existe un impacto que suele pasar desapercibido en nuestro entorno: el deterioro del patrimonio arquitectónico. Aunque los terremotos se presentan como la principal amenaza para este legado, las precipitaciones pueden causar daños costosos e incluso irreversibles, especialmente en inmuebles que no han recibido una mantención adecuada.
Cada invierno, los sistemas frontales afectan distintos territorios del país, pero las precipitaciones registradas en los últimos días han alcanzado una intensidad poco antes en la zona central del país. Frente a este escenario, pocas veces se considera que uno de los efectos más importantes recae sobre las edificaciones históricas, las que pueden deteriorarse progresivamente debido a filtraciones, humedad o al socavamiento del terreno.
Zonas con una alta concentración de inmuebles patrimoniales y de conservación histórica, como los que se encuentran en las regiones de Valparaíso, Metropolitana y Coquimbo (especialmente la ciudad de La Serena) enfrentan un riesgo permanente frente a eventos climáticos extremos.
Para la arquitecta Cecilia Wolff, coordinadora del Magíster en Intervención del Patrimonio Arquitectónico de la Escuela de Postgrado de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU) de la U. de Chile, los efectos de las lluvias dependen principalmente de la materialidad y del estado de conservación de cada inmueble.
"Dependiendo del tipo de construcción, las lluvias pueden afectar de manera diferente un inmueble patrimonial. Si se trata de una edificación de madera o de hormigón que se encuentra en buen estado de conservación, es probable que no presente mayores consecuencias. En cambio, si está construida en adobe y parte de sus muros queda expuesta a la lluvia, este material puede dañarse irreparablemente debido a que se trata de tierra cruda que se disuelve con el agua", explica Wolff.

La académica agrega que otro caso especialmente delicado corresponde a los antiguos tapiales (muros de tierra apisonada) presentes principalmente en el norte del país. "Estos muros no cuentan con cubierta y, en muchos casos, han perdido la impermeabilización de su parte su perior, por lo que son particularmente vulnerables a precipitaciones intensas. Además, estas construcciones pueden verse afectadas por inundaciones o por nuevos cursos de agua que pueden socavar el terreno alrededor".
El estado de conservación marca la diferencia
Más que la antigüedad de una construcción, el principal factor de riesgo es su nivel de conservación. En este sentido, Wolff enfatiza que los inmuebles que no reciben mantenciones periódicas incrementan su vulnerabilidad. "Habitualmente los daños comienzan en la cubierta y desde allí avanzan hacia los muros y otras estructuras. Una canaleta obstruida, una teja rota o una plancha suelta pueden ser el inicio de daños importantes al interior del edificio."
Señales de alerta tras un temporal
Luego de un episodio de lluvias intensas, la académica recomienda revisar cuidadosamente las edificaciones patrimoniales y prestar atención a los siguientes aspectos:
- Daños visibles en techumbres, tejas, canaletas o aleros.
- Filtraciones en ventanas o puertas.
- Grietas estructurales que permitan el ingreso de agua.
- Humedad persistente en los muros, especialmente si son de adobe.
- Nuevos cursos de agua o erosión del terreno alrededor de las fundaciones.
- Acciones para evitar un mayor deterioro
Uno de los errores más frecuentes al reparar filtraciones en edificaciones patrimoniales es utilizar materiales incompatibles con el sistema de construcción original. Según la académica, este tipo de intervenciones puede generar nuevos problemas e incluso acelerar el deterioro del inmueble.
Por otro lado, Wolff sostiene que la principal medida preventiva frente a la lluvia es mantener los elementos expuestos al exterior en buen estado para impedir que el agua ingrese al inmueble y genere daños progresivos en el tiempo. "Si existe algún problema en la techumbre, una ventana o cualquier elemento exterior que permita el ingreso del agua, lo recomendable es realizar un sellado temporal con elementos plásticos mientras dure el evento de precipitaciones. Una vez finalizadas las lluvias, se debe efectuar una reparación adecuada del elemento dañado."
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En este contexto, una de las fallas más habituales en las techumbre se concentra en aleros, canaletas y elementos de cubierta como tejas o planchas metálicas. También son frecuentes las filtraciones provocadas por sellos deteriorados en puntos de ventilación, como calefones, chimeneas o ductos de extracción. A ello se suman las grietas estructurales originadas por sismos, que pueden transformarse en nuevas vías de ingreso del agua, especialmente en construcciones de adobe.
"La mejor estrategia siempre será la prevención. Una mantención oportuna puede evitar daños estructurales mucho más complejos y costosos, además de contribuir a preservar el valor histórico y cultural de estos inmuebles para las futuras generaciones", concluye Cecilia Wolff.