Uno de los momentos más destacados de su visita fue la conferencia “Kitty Goldmann, retrato de una joven artista, 1918-2002”, instancia en la que presentó los resultados de una investigación dedicada a reconstruir la vida y obra de una de las figuras más relevantes —aunque escasamente reconocidas— en la historia del diseño gráfico chileno. La actividad permitió conocer la trayectoria de una mujer cuya vida estuvo marcada por el exilio, la resiliencia y la capacidad de reinventarse, pero también por un aporte fundamental al desarrollo de la comunicación visual en Chile durante gran parte del siglo XX.
La visita de la Dra. Shapira se enmarca en una línea de investigación que el profesor Eduardo Castillo ha desarrollado en torno a la historia del diseño, los procesos de modernización cultural y los vínculos entre Europa y América Latina.
Académica del Departamento de Estudios Culturales de la Universidad de Artes Aplicadas de Viena, Shapira es reconocida internacionalmente por sus investigaciones sobre diseño, arquitectura, cultura judía y modernidad vienesa. Entre sus publicaciones destacan Style and Seduction: Jewish Patrons, Architecture, and Design in Fin-de-Siècle Vienna (2016) y diversos volúmenes colectivos dedicados al estudio de las migraciones, las identidades culturales y las transformaciones del diseño moderno.
Su presencia en la FAU permitió poner en diálogo investigaciones desarrolladas desde Europa con procesos históricos que tuvieron una profunda repercusión en Chile, especialmente aquellos vinculados a la migración forzada provocada por el ascenso del nazismo.

Kitty Goldman: una historia de pérdidas y reconstrucción
Durante la conferencia, Shapira relató cómo conoció personalmente a Kitty Goldmann hace más de dos décadas, cuando realizaba sus estudios doctorales.
“Conocí a Kitty Goldmann hace 25 años. Tuve el privilegio de conocer a una mujer que, ya en sus ochenta años, seguía enseñando yoga. Era una persona llena de vida y belleza, algo que me sorprendió profundamente considerando todas las tragedias que atravesó a lo largo de su existencia”, recordó.
Nacida en Viena en 1918, Goldmann creció en una familia vinculada a los círculos culturales y empresariales más importantes de la capital austríaca. Su abuelo había fundado una reconocida firma de moda masculina y su entorno familiar mantenía vínculos con figuras clave de la modernidad europea.La investigadora explicó que la infancia de Kitty estuvo atravesada por el contacto con el arte, la arquitectura y el pensamiento moderno. Entre las figuras presentes en su entorno se encontraban el arquitecto Adolf Loos y el pintor expresionista Oskar Kokoschka, quien posteriormente apoyaría su ingreso a la Escuela de Artes Aplicadas de Viena.

Sin embargo, el auge del antisemitismo y la anexión de Austria por parte de la Alemania nazi alteraron radicalmente su vida. “Kitty comprendió rápidamente el peligro que se avecinaba. Sus padres, en cambio, tardaron más en reconocer la gravedad de la situación”, señaló Shapira.
La persecución nazi obligó a Goldmann a abandonar Austria en 1938. Tras permanecer durante un año en los Países Bajos, llegó a Chile el 15 de agosto de 1939, apenas semanas antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial. El exilio significó para ella la pérdida de gran parte de su familia. Sus padres y uno de sus hermanos murieron en el Holocausto, mientras que otro falleció posteriormente en el exilio. A ello se sumaron dificultades económicas, experiencias de discriminación y una vida marcada por constantes desafíos personales.
“Su vida y trayectoria estuvieron marcadas por pérdidas devastadoras. Sin embargo, sus diseños y obras de arte constituyen un testimonio de resiliencia frente a la adversidad”, afirmó la académica.

El Archivo de Gráfica Chilena de la Biblioteca Nacional recibió la donación de los Archivos de la diseñadora gráfica Kitty Goldmann. Mesa redondo junto con la académica Elana Shapira y el académico Eduardo Castillo
El nacimiento de una diseñadora en Chile
Lejos de paralizarla, la experiencia del exilio impulsó a Goldmann a reconstruir su vida profesional en un nuevo contexto. Shapira relató que apenas tres días después de llegar a Santiago consiguió una oportunidad laboral gracias a la editora Hilda Müller, responsable de la sección femenina de El Mercurio.
“Tuve suerte. Tres días después de llegar, alguien me recomendó al diario El Mercurio”, recordaba Goldmann en uno de los testimonios recuperados por la investigadora. Ese primer trabajo marcaría el inicio de una extensa carrera profesional que se prolongaría por más de cinco décadas.
Durante los años siguientes desarrolló una amplia producción de afiches, ilustraciones, avisos publicitarios, diseño editorial, identidad visual, patrones textiles y material promocional para empresas e instituciones. Su obra se desplegó en un período en que la disciplina del diseño gráfico aún no existía formalmente como profesión en Chile, convirtiéndola en una de sus precursoras.
“Kitty comprendía que la comunicación visual debía apoyarse en experiencias compartidas. Si el espectador reconocía inmediatamente una escena o una emoción, el mensaje se volvía más efectivo”, explicó Shapira.

Esa comprensión de la comunicación visual como un diálogo entre diseñador y público se transformó en uno de los rasgos más característicos de su trabajo.Según la investigadora, Goldmann concebía la publicidad como una forma de establecer vínculos emocionales con las personas, construyendo mensajes visuales accesibles y capaces de generar identificación.
Uno de los aspectos más interesantes de la investigación presentada en la FAU fue el análisis de cómo Kitty Goldmann logró integrar influencias provenientes de la modernidad europea con referencias culturales propias del contexto chileno.
“Más que reproducir modelos europeos, construyó una síntesis propia”, destacó Shapira.
La diseñadora incorporó a sus trabajos elementos de la cultura popular chilena, referencias al paisaje, motivos vinculados a la vida cotidiana y una sensibilidad visual que dialogaba con el entorno donde desarrolló su carrera.
Al mismo tiempo, mantuvo rasgos característicos de la tradición moderna vienesa, como el interés por la síntesis formal, la claridad tipográfica, el uso expresivo del color y la búsqueda constante de innovación visual.
“Aprendió el idioma, conoció el territorio y desarrolló una fuerte conexión con los paisajes del país. Chile se convirtió en su hogar”, afirmó la académica. Esa combinación entre herencia europea y experiencia local dio origen a una obra singular que contribuyó a enriquecer el panorama visual chileno durante gran parte del siglo XX.
Una producción extraordinaria
La investigación presentada por Shapira permitió dimensionar la amplitud del trabajo desarrollado por Goldmann. A lo largo de su trayectoria colaboró con empresas comerciales, editoriales, instituciones culturales y organismos públicos. Diseñó desde envoltorios de productos hasta campañas publicitarias, ilustraciones, tarjetas, membretes y materiales promocionales.
Uno de los hitos más importantes de su carrera ocurrió en 1968, cuando ingresó a la Compañía Chilena de Fósforos como diseñadora artística. Durante trece años fue responsable de miles de diseños para cajas de fósforos distribuidas a lo largo de todo el país.
Muchas de estas piezas incorporaban paisajes, monumentos, lugares turísticos y elementos representativos de la identidad chilena, convirtiéndose en un soporte de difusión cultural de enorme alcance. "Su capacidad de síntesis visual era notable. Confiaba en que la memoria visual del público completaría aquello que no aparecía explícitamente representado”, explicó Shapira al referirse a una serie de diseños inspirados en imágenes icónicas de la historia del arte.
Recuperar una historia invisibilizada
Más allá de sus aportes profesionales, la conferencia abrió una reflexión sobre el lugar que han ocupado las mujeres en la historia del diseño. Para Shapira, el reconocimiento institucional de Kitty Goldman llegó tardíamente debido a que muchas trayectorias femeninas quedaron invisibilizadas durante gran parte del siglo XX. “Durante gran parte del siglo XX las trayectorias profesionales de muchas mujeres fueron sistemáticamente subvaloradas”, señaló.
A pesar de ello, Goldman nunca dejó de crear. Además de su producción profesional desarrolló una intensa obra artística compuesta por pinturas, acuarelas, textiles y numerosos autorretratos. En las últimas décadas de su vida recibió reconocimiento tanto en Chile como en Austria, incluyendo exposiciones en Viena vinculadas a la historia de su familia y a la recuperación de la memoria cultural judía.

Actualmente, gran parte de su archivo personal se encuentra resguardado en la Biblioteca Nacional de Chile, permitiendo nuevas investigaciones sobre su trabajo y legado. Para la académica austríaca, la figura de Kitty Goldman trasciende la historia del diseño gráfico. Su trayectoria permite comprender los efectos del exilio, la capacidad transformadora de las migraciones y el aporte que distintas comunidades de origen europeo realizaron a la construcción cultural chilena durante el siglo XX.

Al cierre de la conferencia, Shapira recordó una frase pronunciada por Goldman poco antes de fallecer: “Hay tanta belleza por descubrir y por crear”. Una declaración que, a juicio de la investigadora, resume no sólo la vida de una diseñadora excepcional, sino también la fuerza de una mujer que logró transformar la pérdida y el desplazamiento en una obra que continúa dialogando con nuevas generaciones.
La visita de la Dra. Elana Shapira a la FAU permitió precisamente volver sobre esa historia, rescatar una figura fundamental para el diseño chileno y abrir nuevas líneas de investigación sobre las relaciones entre cultura, migración, memoria y modernidad.