Presentó la exposición Talar en Galería D21:

Adriana Asenjo y la memoria del taco: "El color en mi grabado interrumpe, no tendría la fuerza del blanco y negro"

Adriana Asenjo y la memoria del taco: "El color en mi grabado interrumpe"

La Galería D21 se convirtió en el escenario de un encuentro intergeneracional donde la materia y la memoria confluyeron bajo la mirada de Adriana Asenjo, artista egresada de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile. En el marco de su exposición Talar, la artista recibió a estudiantes del curso de formación general de Grabado, impartido por Gabriela Villegas de la Universidad de Santiago para desglosar un oficio que ha cultivado con rigor durante seis décadas, manteniendo una fidelidad inquebrantable a la madera. Esta instancia de mediación permitió profundizar en las series El Árbol y Mutilación, piezas que cierran un ciclo de investigación material y conceptual que comenzó en 1964. “Me gusta la madera y la veta que tiene el grabado”, explica Asenjo al recordar sus inicios y esa atracción táctil que la alejó de otras disciplinas para abrazar definitivamente la xilografía como su lenguaje matriz.

La decisión de la artista por la autonomía creativa se manifiesta en su rechazo histórico a los procesos industriales o colectivos que alejaran su mano de la matriz de madera, un rasgo que define su ética de trabajo. Durante el diálogo con las jóvenes estudiante, la grabadora recordó cómo la independencia técnica fue su motor principal, incluso por sobre la pintura o el grabado en metal que requerían de infraestructuras ajenas. Su obra se erige como un testimonio de libertad personal donde el taller se vuelve un refugio de pensamiento visual propio. “No hice metal porque además tenía que haber ido al taller por obligación. La xilografía me dio independencia, me sentía libre trabajando a mi ritmo”, revela Adriana, subrayando que la elección de la madera no fue meramente estética.

Uno de los aspectos más distintivos de su trabajo visual es la renuncia al color en favor de una escala de grises que explora las tensiones máximas entre la luz y la sombra. Para Adriana, el blanco y negro es una herramienta de potencia expresiva que permite que la estructura del grabado hable con mayor elocuencia y dramatismo. La artista sostiene que la introducción de pigmentos habría suavizado la carga emocional y simbólica de sus composiciones sobre la naturaleza y el cuerpo humano. “Porque el color en mi grabado lo interrumpía, no tendría la fuerza que de llegar a tener blanco y negro”, confiesa.

La exposición Talar funciona también como un archivo vivo, donde se exhiben herramientas que han acompañado a la grabadora por décadas, revelando el carácter procesual y físico de su quehacer artístico: la historia contenida en cada gubia y en cada taco de madera ha sido intervenido por su voluntad. Las estudiantes pudieron observar cómo una misma tabla puede generar múltiples versiones, transformándose en cada pasada por la mano de la artista, quien prefiere el contacto directo antes que la mediación de la prensa. 

La trayectoria de Asenjo está marcada por espacios de resistencia cultural, como el legendario taller de Inés Puyóo, donde trabajó durante cuarenta años tras la reforma universitaria que dispersó a muchos docentes y artistas. Ese entorno de creación colectiva, pero de trabajo individualizado, forjó en ella una disciplina que hoy se traduce en un cuerpo de obra coherente y vasto. La artista evoca con nostalgia y precisión aquellos años en que la ciudad y sus casonas patrimoniales ofrecían el refugio necesario para la experimentación artística. “Inés tenía su taller en el segundo piso y luego me invitó para que pudiera trabajar también en su casa de talleres en calle Monjitas”, menciona respecto a la transición hacia espacios de trabajo autónomos que marcaron su madurez profesional.

La temática del árbol y el tronco en la obra de Adriana se remonta a su origen sureño y su relación física con el entorno natural de su infancia. El tronco aparece como una presencia sólida, un eje que articula su memoria y que ella aborda desde el abrazo y la observación minuciosa de la corteza y la fibra. Para la artista, el grabado es una forma de reengancharse con esa naturaleza que le es propia y que ha visto ser mutilada por el tiempo y la acción humana. “Lo que más me ha gustado es el tronco, en mi casa había un antiguo árbol que era mi amigo, estaba mi columpio y yo me abrazaba a él”, recuerda emocionada sobre la génesis de su obsesión visual por las formas arbóreas.

Otro hito fundamental en su producción es la serie de los "maniquíes", la cual surgió de un impacto visual y político tras el golpe de Estado de 1973, cuando la observación del río Mapocho transformó su percepción de la figura humana. La imposibilidad de representar el horror de forma literal la llevó a utilizar el maniquí como una metáfora de los cuerpos violentados, un recurso simbólico que dota a su obra de una carga política profunda y dolorosa. Esta serie demuestra cómo el contexto histórico permea la técnica del grabado, convirtiéndola en un grito silencioso tallado en la madera. “Vi que estaba lleno de gente y yo me bajé de la micro en la que andaba sabiendo lo que iba a ver, pero me dije: tengo que ver, no quedarme con lo que me han contado; y ahí de ahí nació la series de los maniquíes”, explica sobre el origen de estas piezas.

La ausencia y la soledad son tópicos recurrentes que la artista explora a través de objetos cotidianos como las sillas, las cuales adquieren una cualidad antropomórfica en sus grabados. Esta serie, iniciada en Francia y continuada durante la reciente pandemia, reflexiona sobre el espacio público deshabitado y la espera, donde cada silla parece ocupar el lugar de un cuerpo que ya no está. La artista encontró en el encierro sanitario un nuevo incentivo para profundizar en esa poética de la desolación, donde las palomas son las únicas testigos de un parque solitario. “Muchos en pandemia pudieron palpar la soledad del aislamiento y era el momento de retomar estas sillas que retratan esa ausencia de un otro”, comenta sobre la evolución de este proyecto.

Durante la visita guiada, se enfatizó que el sello de Adriana reside en su capacidad para apropiarse de la técnica y hacerla personal, alejándose de los estándares académicos tradicionales para buscar un resultado que ella denomina "único". Su rechazo al uso de la prensa mecánica es un testimonio de su búsqueda por un gris óptico y una textura que solo el frotado manual puede otorgar al papel. Esta relación táctil con el soporte es lo que diferencia su gráfica de la de otros grandes maestros, estableciendo una firma visual reconocible por su sutilidad y fuerza. 

La artista también compartió detalles sobre la reutilización de las matrices, donde el taco es una entidad que se agota y se transforma hasta su desaparición física. En sus relatos, la matriz llega a "quemarse" tras tantas impresiones, obligándola a intervenirla nuevamente o a fragmentarla para crear nuevas composiciones. Este ciclo de vida de la madera reflejó la impermanencia que atravesó toda su exposición realizada en Galería D21 que se presentó entre el 26 de marzo y el 30 de abril de este año.

El encuentro con las estudiantes de la Usach permitió también que Asenjo valorara las motivaciones actuales de los jóvenes hacia el grabado, quienes ven en el contraste del blanco y el negro una vía de expresión necesaria en un mundo saturado de imágenes digitales. La artista escuchó con atención las experiencias de los alumnos, quienes rescataron el carácter emocional y simbólico de tallar la madera, un sentimiento que ella ha mantenido vivo. “Increíble, hay que contar que se puede hacer tanto, son muy variadas las razones para llegar al taller”, reflexionó tras oír cómo el interés por las plantas o la historia familiar conduce a las nuevas generaciones hacia la xilografía.

Durante junio, la artista lanzará un catálogo que reúne por primera vez una parte contundente de su obra, que se llega a extender por sobre los 500 grabados realizados desde el año 1694. Además, la publicación cuenta con la participación de Elvira Hernández, quien escribió a partir de la vasta obra xilográfica de Adriana Asenjo. Para más información de este catálogo en @adriana.asenjo.xilografia.