Sincerando los diferentes momentos de la maternidad en un contexto donde, gran parte de la responsabilidad de la crianza lo asumen las mujeres, mamás de la Facultad de Odontología de la Universidad de Chile (FOUCh), sacaron la voz e invitaron a maternar en comunidad y respaldada por una valiosa red de apoyo, en el contexto del Día de la Madre 2026, que se celebra este domingo 10 de mayo. Las vivencias de quienes enfrentan el reto de conciliar la excelencia profesional con la crianza se realiza en medio de alta exigencia académica y clínica,por lo que las docentes coincidieron en que la maternidad actual requiere de una transformación cultural que se convierta en un compromiso social compartido.

La Dra. Andrea Correa, académica del Departamento de Salud Pública y Directora del Programa de Título Profesional de Salud Pública Odontológica UCHILE, reflexionó sobre la evolución de este rol en la sociedad actual, “amo ser madre y serlo en estos tiempos. Aunque seamos la generación que más se queja en voz alta. Es una buena noticia que la maternidad, con su lado oscuro, también se comparta. Ahora la maternidad se ha revolucionado porque las mujeres dejamos de guardarnos los momentos duros y empezamos compartir lo negativo. Quizás la siguiente revolución vendrá cuando sea posible, no sólo quejarnos, sino que también maternar y disfrutarlo en comunidad”.
La Dra. Correa, mamá de Santiago (4 años) y Leonor (10 meses), enfatizó la importancia de los vínculos afectivos, frente a la creciente automatización tecnológica. “Me encanta ser madre en la actualidad, porque tengo este par de niños exquisitos que son un recordatorio andante de que el tiempo pasa y los momentos cotidianos vienen y van. Pero también, porque en estos tiempos puedo ver que, por mucho que podamos armar sistemas para automatizar y acelerarlo todo, ojalá nunca optimicemos tanto que dejemos de mirar a nuestros niños y niñas a los ojos, aburrirnos con ellos, observarlos jugar, entender el mundo".

La corresponsabilidad y la salud reproductiva como actos de justicia social
En su primera experiencia como mamá de Rafaella, la Dra. Nataly Cajas, académica del Departamento de Rehabilitación Oral y Directora de la Dirección de Igualdad de Género (DIGEN) FOUCh, sostuvo “ser madre ha sido una de las experiencias más desafiantes de mi vida, con una felicidad que día a día crece con amor, y que a la vez, aumenta en responsabilidad. Me siento afortunada por tener una red familiar con la cual hemos logrado acompañar el crecimiento de mi hija, sin desligarnos de nuestros otros roles, aunque por supuesto sorteando diariamente nuevos retos”, declaró la Dra. Cajas.
La Directora de DIGEN advirtió sobre la brecha que aún persiste entre el desarrollo profesional y la maternidad, “la responsabilidad de crianza de otra persona es un acto social al que aún no se le da el valor que tiene, donde aún significa elegir entre el desarrollo profesional y maternar. Nuestra sociedad aún cuestiona la corresponsabilidad, y a pesar que hay políticas que avanzan en esta materia, son las personas en conjunto las que deben tomar conciencia y facilitar el proceso para tener una real integración de la crianza a la estructura social”.

Ser madre es un cambio de vida, aseguró la Directiva FOUCh, “que implica un rol de cuidado que debe ser compatible con la vida laboral, y que en la cotidianidad, requiere adecuaciones y flexibilidad tanto en el entorno familiar como en el trabajo. Cómo sociedad tenemos el deber de contribuir a la corresponsabilidad para el desarrollo y crecimiento de quienes construirán el futuro”.
Testimonio mamá FOUCh: Que la maternidad sea una decisión, no una pérdida
“Siempre crecí con una idea que parecía incuestionable: que el tiempo alcanzaba. Mi abuela tuvo a mi mamá cerca de los 40 años, y eso quedó grabado en mí como una especie de certeza biológica. Pensé, sin cuestionarlo demasiado, que ese también sería mi camino. Pero la vida que vivimos hoy no es la misma. Hoy estudiamos más. Nos exigimos más. Postergamos más. Porque hay que sacar la carrera, después especializarse, hacer un postgrado. Porque queremos estabilidad, queremos elegir bien, queremos ‘preparar el nido’. Y en medio de todo eso, el tiempo pasa… y el cuerpo también cambia.
Nadie te explica con suficiente claridad que el estrés sostenido, el ritmo de vida, la presión académica y laboral también impactan tu fertilidad. Que los óvulos no solo envejecen con los años, sino también con la vida que llevamos. Yo salí de la universidad habiendo pololeado poco. Me casé, y por razones de la vida, me divorcié rápidamente. Así, sin darme cuenta, fui postergando la maternidad no por decisión, sino por circunstancias. Porque también está esa presión silenciosa: encontrar al ‘padre correcto’, tener estabilidad, cumplir con ciertos hitos antes de siquiera pensar en ser mamá.
A los 40 años quedé embarazada. Y lo perdí antes de las 7 semanas. Fue un golpe brutal. Tenía óvulos congelados (igualmente tarde, a los 38 años), así que pensé que, de alguna manera, tenía un seguro. Que todo iba a estar bien. Pero cuando los fertilizamos, todos los embriones murieron. Me extrajeron más óvulos, me quedaba poca reserva. Volvimos a intentar. Y otra vez, todo moría. En ese momento no solo se mueren embriones. Se mueren expectativas, proyectos, versiones de futuro.
Mi pareja no me apoyaba con la adopción, así que insistí con la ovodonación (un óvulo joven, de 20-25 años puede reparar un espermio con defectos), luego de sesiones con psicólogos. Pensé: ‘ahora sí’. Y nuevamente, todo fallaba. Ahí comenzaron las preguntas reales. ¿Qué está pasando? Después de millones de exámenes genéticos, de millones de pesos invertidos, de desgaste físico y emocional… ¿descubrimos que el problema no era mío?. Cambiamos de clínica. Y entendí algo que hoy repito siempre: la importancia de elegir bien dónde haces estos procesos. No es solo marketing, precio y tecnología, son protocolos, son equipos, es calidad de laboratorio. Es la diferencia entre la vida y la pérdida.
Hoy estoy en la espera. Y desde este lugar, desde todo lo que he vivido, hablo con mis estudiantes. Mujeres y hombres. Les digo lo mismo, siempre: Si van a postergar la maternidad o paternidad por estudiar, congelen, apoya a quienes están el proceso (tu hermana, tu pareja, tu amiga). Congelen óvulos. Tomen una decisión activa sobre su fertilidad. Muchos me dicen que es caro, que es incierto, que no quieren ser padres, que no tienen pareja. Y lo entiendo. Pero también sé que no alcanzan a dimensionar lo que significa perder una y otra vez. No saben lo que es ver morir cada embrión. No saben lo que implica someterse a procedimientos invasivos, hormonales, físicos, emocionales.
Amiga, amigo: si no quieres ser madre o padre, que sea una decisión. No algo que simplemente te pasó. Congela óvulos. Guarda esa posibilidad. Y si en el futuro decides que no quieres usarlos, perfecto. Los puedes dejar ir. Literalmente, puedes descongelarlos y cerrar ese capítulo con un trago en la mano, al sol, en paz. Pero la vida es larga. Y cambia. No te quites opciones. Que tu historia no sea una renuncia involuntaria, sino una elección consciente. Ese, para mí, también es un acto de amor propio. Y en el Día de la Madre, también vale la pena hablar de eso”.
