La relación entre infraestructura y aprendizaje ha sido histórica en la Facultad de Ciencias Químicas y Farmacéuticas de la Universidad de Chile. Desde su origen, la unidad académica ha impulsado proyectos estructurales, tecnológicos y pedagógicos para mejorar la experiencia formativa de sus estudiantes. Con la implementación de dos proyectos FIDA —el primero entre 2016 y 2021 y el segundo desde 2021 a 2025— la Facultad ha profundizado una transformación que articula espacios modernos, tecnologías interactivas y nuevas metodologías docentes.
Una facultad con historia y con foco en su comunidad
Desde su traslado a la sede de Olivos, la facultad experimentó un giro significativo. “Entre diciembre de 2012 y enero de 2013 nos trasladamos desde Vicuña Mackenna 20 para acá. En su minuto fue un proyecto grande, que apuntaba a mejorar la experiencia de los estudiantes que tenían que viajar desde Olivos a Vicuña Mackenna a veces en el mismo día”, recuerda Sergio Fuenzalida, Director Económico y Administrativo de la facultad.
El cambio incluyó, seis años después, la construcción del Edificio de Profesores Eméritos (EPE) —fruto de un Fondo de Inversión en Infraestructura y Equipamiento— que sumó nuevos laboratorios, biblioteca y espacios para pregrado y postgrado. A esta transformación también se incorporaron el Centro de Aprendizaje mediante un FADOP y la renovación de espacios de estudio y convivencia.
Infraestructura y calidad del aprendizaje: tecnologías que transforman la docencia
Consultada por cómo se vincula el proceso formativo con la infraestructura, Paz Robert, vicedecana de la facultad, es clara: “Es muy importante, por eso el proyecto FIDA que comenzó en 2021 tenía el objetivo de hacer nuestra educación híbrida y para eso necesitábamos hacer que las salas de clases tuvieran la tecnología de la más alta calidad que pudiésemos encontrar”.
El énfasis no solo fue en obras, explica Sergio Fuenzalida: “La infraestructura por la que trabajamos fue tecnológica y física. Teníamos que mejorar las condiciones del aulario y de los laboratorios para que los estudiantes se pudieran formar teórica y prácticamente en las salas. Además, tuvimos que adquirir softwares, pantallas y todo lo que requiere una docencia híbrida”.
La incorporación de los softwares Kahoot!, EdPuzzle y Padlet, cámaras con seguimiento automático, sistemas de audio avanzados y pantallas de gran formato ha permitido “usar técnicas nuevas de docencia, más inclusivas e interactivas”, detalla Robert.
FIDA 1 y FIDA 2: una transformación continua
Los proyectos FIDA han sido claves. El primero (2016–2021) se centró en innovación curricular del pregrado y renovación de laboratorios, mientras que el segundo se ha enfocado en la implementación del grado de bachiller en las carreras del pregrado, la articulación entre niveles con el postgrado y ha generado las condiciones adecuadas para posibilitar la docencia híbrida.
Manuel Cabrera, Coordinador del Área de Gestión de Proyectos Transversales, explica: “El primer FIDA estaba enfocado en innovación curricular del pregrado. Fue un proceso largo e intenso, porque involucró a todo el cuerpo académico… En FIDA 2 también empujamos la formación de todo el cuerpo académico sobre docencia híbrida, porque es muy importante que la evaluación sea concordante con la docencia”.
La implementación ha sido cuidadosamente progresiva. “No hubo una receta para los cursos, porque todos tienen distintas necesidades, pero la idea era facilitar el proceso de enseñanza–aprendizaje”, agrega Manuel. De hecho, se realizaron pilotos en cinco asignaturas antes de implementar el modelo en todas las salas.
Un cambio relevante ha sido la creación de cápsulas audiovisuales para preparar prácticas de laboratorio. “Usamos videos también en laboratorios. La idea era que los estudiantes los vieran durante su traslado para llegar con una idea de lo que se tiene que hacer en la clase”, señala la vicedecana. Esto ha permitido que cursos numerosos, como las clases en los laboratorios de Química y Farmacia —que representan el 50% de la matrícula de pregrado de la facultad— puedan desarrollarse de forma más eficiente.
Impacto en el rendimiento académico
Javier Morales, Director Académico, indica que “en el piloto de la implementación de la docencia híbrida, vimos un cambio positivo en el rendimiento de los estudiantes y también hay más participación”.
Los datos lo confirman. Por ejemplo, en el ramo de Química General I el año 2023 hubo 43% de aprobación y el 2025 un 64%. En la asignatura de Técnicas de Laboratorio Químico, hace dos años el 71% de las y los estudiantes aprobaban, hoy lo hace el 97% de ellos.
Estos resultados obedecen a un enfoque más flexible y activo: “Hay más aprendizaje activo, nos alejamos del molde donde está el profesor adelante hablando y los estudiantes escuchando… La idea es promover enseñanzas activas apoyadas en las tecnologías”, subraya Morales.
Infraestructura que se vive
Para Alejandra Alarcón, estudiante de segundo año de Química y Farmacia, y miembro del Centro de Alumnos, los laboratorios son un punto clave: “La infraestructura repercute en el ánimo para aprender. Los laboratorios del edificio Ceruti, que se usan en primer y segundo año, son más antiguos, pero en tercero se utilizan laboratorios más actuales. Eso llama la atención de los estudiantes y los motiva para seguir, marca una diferencia”.
En términos generales, la estudiante destaca que “tenemos un ambiente bastante grato, el hecho que no seamos una facultad grande hace que estemos más juntos y que tengamos una buena comunicación entre estudiantes, académicos y funcionarios”. Sin embargo, también identifica desafíos: “Hoy la petición de los estudiantes es tener un lugar techado donde comer. Además, faltan lugares de entretención, salas de computación con equipos más actuales y más lugares para estudiar, porque se hacen pocos, somos aproximadamente 1.800 estudiantes”. Plantea que el espíritu es trabajar este tema en conjunto con las autoridades. El Director Económico y Administrativo, Sergio Fuenzalida, concuerda: “Cuando los centros de estudiantes salen electos, las autoridades nos reunimos con ellos para transmitir en lo que vamos y recoger sus inquietudes, donde mencionan la infraestructura”.
Gracias a estas instancias se han implementado mejoras como el techado de pasillos, la sala de estar climatizada, mejoras en luminarias y áreas verdes, la ampliación del casino y la actualización del equipamiento.
Desafíos y futuro: planta piloto, simuladores e inteligencia artificial
Entre los desafíos actuales, la vicedecana Paz Robert señala que están “construyendo un laboratorio piloto. La idea es aumentar las capacidades que entregamos a los estudiantes. Ellos pasan por los laboratorios, pero no por una planta piloto de fabricación y esa experiencia es la que queremos entregar”. El proyecto, que sin duda prepara mejor a los estudiantes para su vida profesional, ha implicado una inversión de 250 millones de pesos, según confirma Sergio Fuenzalida.
A esto se suma la búsqueda de nuevas herramientas, como los simuladores para que los estudiantes tengan más y mejores experiencias: “Aprender de forma virtual y a eso unir la inteligencia artificial. Todos los esfuerzos de la dirección académica van por mejorar la formación”, detalla la vicedecana Robert.